
—Hola cariño, ¿qué tal te ha ido la mañana? —saludé a Sonsoles, una de mis vecinas de planta.
“Pobrecita, no se lo merece”. No podía evitar apiadarme de una chica tan joven y tan guapa.
Había formulado la pregunta de una manera general, sin entrar en detalles, porque conocía de sobra que llevaba en el paro tres meses y su marido, por las noches, prefería besar botellas de cerveza.
—Pues qué te voy a contar, Toñi… Nada, siempre es lo mismo. Que deje mi currículum, que ya me llamarán.
“Menos mal que no tiene hijos”.
—No te preocupes, tesoro… —mis manos ocultaron su rubor— ¡Ya verás como encuentras algo bueno! Que te mereces lo mejor.
—Gracias, Toñi… ¿Qué tal pasó la noche Fabián?
—Bien, sin flemas…...