Una vez tuve un sueño

Soñé con un mundo en el que todos podían ser lo que quisieran, hacer aquello que más satisfacción les provocara, que no existiera más impedimento que el deseo...

Hoy, a mis cuarenta y dos años recién cumplidos, y a pesar de que la vida golpeó con toda la crudeza de la realidad, todavía no he despertado de las utopías de juventud. Si no puedo vivir en un mundo feliz, me lo inventaré: haré que otros, como un dios todopoderoso de infinita bondad, sean felices... al menos en mi pensamiento.

Y me puse a escribir. Ahora que tengo en mi haber más de setenta relatos cortos y dos novelas, descubro por qué Dios es "omniausente" e imperfecto.


lunes, 13 de septiembre de 2010

La venganza de Tío Trasmuño (o Cecilio, el que vive en el terruño). [2202 palabras] By Elena Rodríguez

Cri-cri, cri-cri. ¿Es que no se iban a callar nunca esos estúpidos grillos? Cecilio se removió en su cama. El cántico nocturno de esos insectos no le dejaban dormir, y él necesitaba descansar para recoger patatas la mañana siguiente.

—¡¡Callaros ya!! ¡¡Me tenéis hasta las pelotas!!—gritó, aunque los grillos no fueran a callarse.

De repente el canto cesó. Cecilio se estiró dispuesto a dormir, aún tumbado en su cama, con la manta subida hasta la barbilla. Entonces se percató de que algo iba mal. Los grillos no se callaban a no ser que hubiera alguien cerca. Un ruido sordo se lo confirmó.

Cerca, en el campo de patatas de Cecilio, dos hombres, cargados con unos botes que contenían algo radiactivo y unas palas, intentaban caminar en silencio. Uno de los botes se cayó al suelo, con un ruido sordo.

—Más cuidado. Recuerda que debemos ser discretos—susurró uno de los hombres.

—Shhh, calla—le contestó el otro—el paleto que vive aquí nos va a oír.

Los hombres dejaron su carga en el suelo y comenzaron a cavar rápidamente.

Cecilio se levantó con un crujido en la espalda. Era un cuarentón, y no estaba acostumbrado a levantarse por la noche. Se asomó a la ventana y descubrió a esos dos hombres, en su preciado campo de patatas.

Gruñó y fue en busca de su antiguo trabuco. Un arma que disparaba perdigones, muy ruidosa, pero potente. La favorita del campesino. Cuando la cogió, salió al porche, sin encender ninguna luz, y disparó. El sonido alertó a los hombres, y, aunque no le había dado a ninguno, se agacharon, tiraron todos los botes al agujero y lo taparon con tierra precipitadamente.

Lo que nadie había visto era que uno de los perdigones había alcanzado a uno de los botes, y un líquido de un misterioso color verde se derramaba sobre la tierra.

Corrió hacia su plantación, pero cuando llegó, ya no había nadie ahí. Chasqueó la lengua, con disgusto, y volvió a su casa.

A la mañana siguiente, salió a la calle. Llevaba unos pantalones negros pesqueros, una camisa y medias blancas. Una faja roja ceñía el vientre, y un chaleco negro le cubría los hombros. Salió para comprobar si sus patatas seguían en su lugar.

Mordisqueó una pajita mientras recogía los tubérculos, anormalmente grandes. Desayunó unas patatas guisadas, de las que había cogido. Le supieron extrañas.

Tres o cuatro días después, decidió ir a la ciudad a pasear. Siempre se asombraba con la altura que tenían los edificios, y con las televisiones de los escaparates, pero le gustaba estar allí.

Como de costumbre, cuando llegó la gente se le quedaba mirando con cara de pensar: ¿y ese de qué va disfrazado? No le importó.

Se detuvo ante el escaparate de una tienda de televisores, donde sacaban en primer plano la cara de un estrafalario personaje. Era un chaval de unos veinte años, vestido de con una camiseta de licra y unas mallas rojas. Llevaba unas botas, unos guantes y unos calzoncillos por fuera amarillos. Una gran “eñe” amarilla le adornaba el pecho, y el muchacho ocultaba su identidad con un ridículo y pequeño antifaz del mismo color.

—Spanish-man, Spanish-man—un montón de reporteras intentaban abrirse paso entre una multitud.

El héroe sostenía en brazos un gatito marrón, que maullaba dulcemente.

Cecilio no entendió la situación. ¿Qué narices estaban poniendo en la tele? ¿Una ridícula parodia de Superman?

—Spanish-man—dijo una de las reporteras, poniendo un micrófono en la boca del “superhéroe”— ¿Se siente orgulloso de haber bajado a “Galletita” de ese árbol?

—Por supuesto—contestó él, con un perfecto acento inglés—Qué pronunciación.

Cecilio comprendió que eran las noticias del día. “Un inglés que quiere españolizarse. Y encima se hace el héroe bajando gatos de los árboles”, pensó Cecilio, dispuesto a marcharse.

Unos gritos de auxilio le alertaron. Una mujer con un magnífico vestido "caramelo" de Agatha Ruiz de la Prada correteaba con desesperación.

—¡¡Por favor, ayúdennos!!—Chillaba el caramelo—¡¡¡Mi madre está ahí dentro!!!

“¿Dónde está Spanish-man ahora? Yo voy a demostrar quién es el héroe aquí”, pensó el hombre, que caminó directamente hacia un edificio en llamas.

Una espesa nube de humo le impedía respirar apenas, pero siguió adelante. Una inocente ancianita estaba allí, y no iba a permitir que muriera en el incendio.

— ¡Por favor, ayúdeme!—oyó Cecilio.

La anciana estaba rodeada de llamas, encogida y apretada contra la pared. Respiraba con mucha dificultad, parecía que iba a desmayarse de un momento a otro.

—Ayuda…—gimió la mujer, levantando el brazo hacia él.

No lo dudó, saltó por encima del fuego, levantó a la abuelita y corrió por el portal incendiado hacia la salida. Ya estaba saliendo, cuando una explosión a sus espaldas le hizo caer. Y entonces se desmayó, sin ver cómo un bidón de gasolina vacío rodaba hacia él.

Fuera, la gente miraba un camión cargado con bidones de gasolina que se había estrellado. Varios de ellos se habían abierto y perdido, pero el conductor estaba bien.

— ¡Mamá!—chilló la mujer caramelo, al ver a su madre saliendo del edificio, tosiendo.

Nadie vio a Cecilio, ni la lata de gasolina vacía. Nadie le llevó a un médico, ni se preocupó por él.

Cuando se despertó, un policía con cara de bulldog cabreado le miraba. Se dio cuenta de que un personaje vestido de rojo y amarillo también estaba allí.

— ¿Cómo te llamas? ¿Dónde vives?—gruñó el policía.

—Soy Cecilio, el que vive en el terruño—contestó con la voz tan baja que apenas se oyó.

— ¿Cómo… Trasmuño?—rió Spanish-man—Qué pronunciación—añadió con los labios apretados.

—No me llamo así—refunfuñó Cecilio, cabreado.

— ¿Y por qué ha hecho eso, señor…Trasmuño?—continuó el policía.

“¡NO ME LLAMO TRASMUÑO!”, le habría gustado gritar.

— ¿Hacer qué, señor… policía?—dijo en su lugar.

— ¡Ja, el tío Trasmuño no se acuerda de lo que ha hecho!—se carcajeó Spanish-man— ¡Qué pronunciación!—agregó en voz baja.

—Haga el favor de guardar silencio, Spanish-man. Esto es un asunto serio—ordenó el policía—¿Por qué ha incendiado el edificio?

— ¡¿QUÉ?!—Exclamó Cecilio—¡¡YO NO HE “INCENDIAO NA”!!

— ¿Ah, no? ¿Y entonces qué hacías con una lata de gasolina vacía, Tío… Trasmuño?—Spanish-man empezó a reír de nuevo—Qué pronunciación.

— ¡¿QUÉ?!

—Tenemos la prueba—dijo el hombre con cara de perro, mostrándole una lata en la que se leía: “GASOLINA”.

— ¿Qué, la reconoces,…Tío Trasmuño? Qué pronunciación.

—No he visto eso en toda mi vida.

—Nos está mintiendo, sargento—dijo Spanish-man— Qué pronunciación.

—¡¡Me tenéis hasta las pelotas!! ¡¡Yo no he hecho “na”!!

Cecilio se levantó de donde estaba sentado y se dispuso a marcharse.

—Señor Trasmuño, vuelva aquí—dijo el policía.

—¡¡No me llamo Trasmuño!!—gritó antes de irse.

Cecilio era consciente de que le habían dejado marcharse porque no tenían suficientes pruebas como para encerrarle. Pero tratarían de acusarle, de eso estaba seguro.

Nada más llegar a su casita, se preparó un “bocata jamón” y se fue a la cama. Estaba terriblemente cansado.

En sus sueños escuchó la voz de Spanish-man diciendo: “Trasmuñante, no hay trasmuño, se hace trasmuño al trasmuñar”. Y una carcajada burlona. Después se vio a sí mismo vestido solo con unos calzoncillos, que antaño eran blancos pero se habían quedado grises, y una capa negra, diciendo: “¡¡Tío Trasmuño al rescate!!”.

—¡¡AAAAAH!!

Odiaba a Spanish-man con toda su alma. “Te vas a enterar”, pensó mientras se vestía. Preparó un bocadillo de jamón serrano del bueno, y se marchó a la ciudad, a buscar al odioso “superhéroe”.

Pasó por delante de la tienda de televisiones y se vio a si mismo diciendo que no se llamaba Trasmuño. Se quedó boquiabierto. A continuación, vio a Spanish-man.

— Puede que sea un nuevo enemigo, —estaba diciendo— pero acabaré con él. ¡Qué pronunciación!

Cecilio apretó los puños, más furioso que nunca. “¿Cómo que un enemigo?”, pensó. Estaba tan furioso que iba a estallar.

—Mira, mami, ese es el señor malo del fuego—escuchó.

Esa fue la gota que colmó el vaso.

— ¡Que nadie pase por aquí, que estoy “demasiao cabreao”!—gritó mientras caminaba.

Se dio cuenta de que la gente se apartaba a su paso. Algunos le señalaban con el dedo.

De pronto sintió hambre, sacó su “bocata jamón”, como él lo llamaba, y le pegó un mordisco. El sabor del jamón serrano con el pan le tranquilizó y le dio nuevas fuerzas. Demasiadas fuerzas.

Un gatito marrón pasó por delante y se le quedó mirando, como diciendo: “¿Me das un poco?”

“¿Galletita?”, pensó Cecilio al reconocer al gato. Se le ocurrió una idea para atraer al superhéroe

“ Spanish-man, vas a conocer al verdadero Tío Trasmuño”, pensó.

Regresó a su pueblo y habló con sus parientes. Todos estuvieron de acuerdo con él y decidieron ayudarle.

El Tío Trasmuño charló con su primo el Camuñas, al que llamaban así porque no se le entendía cuando hablaba. Un día estaban hablando con él unos amigos, y él, por respuesta, dijo: “Camuña, camuña… ¡huehé jejo!” (Traducción: Ñam, ñam… ¡huele a ajo!).

—Bueno, ¿Y qué tal te va con la azafata esa?—preguntó el Tío Trasmuño.

— ¡Uejé! ¡Ha nno jjo iii eea! Mmenn ehó—respondió Camuñas (Traducción: ¡Jeje! ¡Ya no estoy con ella! Me dejó).

Al cabo de un rato y al olor de un bocadillo de jamón, “Galletita” apareció: lo lanzaron a la copa de un árbol.

Spanish-man se materializó allí en un abrir y cerrar de ojos, volando y haciendo ondear la bandera de España que tenía por capa.

— ¡“Galletita” está en peligro!—exclamó—Qué pronunciación.

— ¡Ahora, chicos!—avisó el Tío Trasmuño cuando Spanish-man empezó a volar en dirección al gato.

El sonido de una guitarra rompió el silencio. Spanish-man se detuvo en el aire, preguntándose qué sucedía. Un taconeo, mucha gente tocando las palmas y un “Ole, venga Camuñas” de una mujer advirtieron al superhéroe de lo que iba a pasar. No tuvo tiempo de taparse los oídos para no escuchar el largo “¡Aaaaaaaaayyyyyyy!” del Camuñas. Entonces cayó de culo al suelo.

—No—gimió Spanish-man—No pueden ponerse a tocar flamenquillo… Qué pronunciación—se apresuró a añadir.

— ¿Dónde está tu poder ahora, Spanish-man?—dijo el Tío Trasmuño.

—Tenías que ser tú,… Tío Trasmuño—dijo, riendo sin demasiadas ganas. No dijo su habitual “qué pronunciación”.

— ¿Qué? ¿Te hace daño el canto del Camuñas. Pero si canta “mu” bien.

—Voy a perder mi acento inglés…—suspiró el superhéroe. Tampoco mencionó su pronunciación.

El Tío Trasmuño soltó una risotada cruel, la típica risa de malo.

— ¿Acaso no te gusta el flamenquillo?—inquirió.

—“Ejque”… —Spanish-man se horrorizó, arrancando una sonrisa de satisfacción de su enemigo— ¡Mi ingléeees!—se lamentó después, sin el acento que le caracterizaba.

El Tío Trasmuño volvió a reírse.

—Vale, lo has “conseguío”, Trasmuño. ¿Estás contento?—dijo Spanish-man.

—Quiero que le digas a todo el mundo que no soy un villano. Y quiero que dejes de decir: “qué pronunciación”.

— ¿Se me oía decir eso?—el superhéroe se quedó algo perplejo— ¿De “verdá”?

El Tío Trasmuño asintió, sonriendo

—Vale, lo haré. Pero sin mi acento…Quedaré “mu” mal—accedió el superhéroe.

—Ya vale, Camuñas—ordenó Cecilio.

La música cesó, y Spanish-man se levantó del suelo.

—Tengo que hacer algo heroico. Bajar a “Galletita”, por ejemplo—dijo, de nuevo con su acento inglés—Qué pronuncia…—se calló ante la mirada severa de Cecilio y el Camuñas.

El superhéroe voló y cogió a “Galletita”, que maullaba, indignado por el trato que le estaban dando.

Pronto, un montón de gente se acercó. Había incluso reporteros y cámaras. “¿Cómo se enterarán de dónde está Spanish-man?”, se preguntó el Tío Trasmuño.

—Spanish-man, Spanish-man… ¿Cómo se siente al rescatar continuamente a “Galletita?
Los reporteros tendrían que idear nuevas preguntas, esa ya estaba muy sobada.

—Bien, bien. Quiero comunicar una cosa a todo el mundo: el Tío Trasmuño no es un villano. Es un hombre normal y corriente, que viste un poco raro, eso sí. Pero es inocente, él no ha provocado ningún incendio—contestó el superhéroe, con su acento inglés.

— ¿Y entonces quién provocó el incendio?—continuó la misma reportera.

Spanish-man entrecerró los ojos y apretó los labios.

—Eso nunca se sabrá—dijo misteriosamente.

— ¡¡¡Jjoo fiin shee!!!—exclamó el Camuñas.

Todo el mundo miró al Tío Trasmuño, esperando a que tradujera.

—Dice que él lo sabe—tradujo—. ¿Quién fue, Camuñas?

—La nnoheen aweeita.

— ¿¡La inocente abuelita?! ¿La que salvé?

Camuñas asintió.

— ¿Y cómo lo sabes?—preguntó alguien.

— Eh maare e fafata—contestó, encogiéndose de hombros—. Jee ehó jueho esentío.

—La madre de la azafata. Se dejó el fuego encendido.

Ya nadie hacía caso a Spanish-man, y tampoco a Cecilio. Todos miraban al Camuñas.

—¡¡¡Viva el nuevo héroe!!!—Exclamaron todos— ¡¡¡Ha resuelto el caso!!!

Spanish-man y el Tío Trasmuño se miraron, perplejos.

— ¡Eh, hacedme caso a mí!—chilló el antiguo superhéroe—. ¡Yo pronuncio mejor!

— ¡Sin mí no le entenderéis! ¡Soy el único que le entiende!—gritó Cecilio.

—Te equivocas—dijo una voz femenina—. Yo le entiendo perfectamente.

Era la azafata vestida de “piruleta”.

—Maldita azafata—maldijeron a la vez Spanish-man y Cecilio.

Por culpa de que el Camuñas se había liado con ella, ahora los dos habían perdido el protagonismo.

—¡¡Vivan el Camuñas y la piruleta!!—gritó la gente.


FIN.


Epílogo:

— ¿Teh jao ota tojilla PATATA?

—No, mejor no. Con dos superhéroes tenemos bastante.

Safe Creative #1009137315727(Historia escrita por Elena)

12 opinaron que...:

Federico Manuel dijo...

Aquí tenéis el final de la saga... Ya sé que esto no es demasiado literario, pero en fin, me gusta tocar todos los palos, y sobre todo escribir con mi hija.

Besos.

¿Surgirá de algún oscuro laboratorio el doctor "Moléculo? Eso nunca se sabrá... Ja, ja, ja (Estas carcajadas deben leerse con efecto de claustro)

su dijo...

Dios mio no me digas que a los cuarenta ma va a crujir la espalda porque soy muy mayor...ja,ja,ja. Muy interesante y divertido este trabajo compartido con tu hija...
Un saludo a los dos.

Federico Manuel dijo...

Ja, ja, ja... ¡Ay Su, tengo 41 y si yo te contara lo que me cruje! (¡Todo!)

Eleanor Atwood dijo...

jajajaja!! Cuento de hoy mezclado con su peazo banda sonora...bomba explosiva. A ver si va a ser eso lo que causó el incendio...
¡Qué pronunciación!
juas que bueno.

Anónimo dijo...

Veo que la litereria saga familiar està està asegurada con Elena.Me gusta que sea imaginativa y còmo maneja los diàlogos.Pobre galletita aterrorizado en lo alto del àrbol.Besos

NEURIWOMAN dijo...

Estupenda la saga y la banda sonora desternillante y real como la vida misma. Enhorabuena a los dos, pero un pelín más a Elena.

Gustavo dijo...

Hola Federico que tal. Interesante el relato. Aunque tambien podrian ser dos diferentes. En que lios se metio Cecilio. Hubiese sido mejor que los grillos no lo dejaran dormir y se quedara tranquilo en su campo jaja
Un abrazo y que tengas buen fin de semana. Chau

ZAS dijo...

Genial!! Estoy haciendo un recorrido por los blogs que participan en el Concurso del 20 MInutos y éste me ha parecido genial.

Como veo que te gusta mucho escribir y lo haces muy bien, me gustaría sugerirte un lugar en Barcelona, donde enseñan a explotar la creatividad.

Se llama Laboratorio de Escritura y hacen cursos presenciales y virtuales. No sé! A lo mejor te interesa a ti o a alguno de tus seguidores: http://laboratoriodeescritura.com/

((tienen un curso de Cuento Ilustrado y otro de Literatura y Periodismo que valen mucho la pena))

José R. González dijo...

¡Muy interesante y divertido! La música de fondo de tu blog es para partirse de risa también ja,ja. ¡Un saludo!

lidia dijo...

llegué par el final...pero mi dolor físico,no me permite estar sentada,no camino, solo escribo....
un abrazo muchas gracias compeñaro de letras y de cuentos
lidia-la escriba

pasa cuando quieras

RECOMENZAR dijo...

fascinante tu blog unite a mis letras
beso va

Shogun´s emporium dijo...

Buen trabajo, Fede!

Te felicito! Spanish man ha rematado bine la faena