Una vez tuve un sueño

Soñé con un mundo en el que todos podían ser lo que quisieran, hacer aquello que más satisfacción les provocara, que no existiera más impedimento que el deseo...

Hoy, a mis cuarenta y dos años recién cumplidos, y a pesar de que la vida golpeó con toda la crudeza de la realidad, todavía no he despertado de las utopías de juventud. Si no puedo vivir en un mundo feliz, me lo inventaré: haré que otros, como un dios todopoderoso de infinita bondad, sean felices... al menos en mi pensamiento.

Y me puse a escribir. Ahora que tengo en mi haber más de setenta relatos cortos y dos novelas, descubro por qué Dios es "omniausente" e imperfecto.


martes, 23 de febrero de 2010

Una cuestión de perspectiva (un cuento de 1.270 palabras)

El viento arremolina las ropas de un modo ensordecedor, pero todo resulta hermoso. ¿Quién no ha sacado alguna vez la cabeza por la ventanilla de un coche en marcha, y ha sentido el viento en la cara? Es como notar la naturaleza en movimiento, aunque uno sabe que está quieto y no hace ningún esfuerzo para merecer tal caricia. Miro mi reloj de pulsera, aun sabiendo que yo llegaré antes de que se ponga el sol… Un sol que siempre luce tan especial en este mes de octubre. Diréis que es una tontería, pero desde estas altitudes los rayos parecen acariciar la tierra. Es una impresión casi mística… ¡Lástima que el viaje sea tan corto! Lástima que no estés tú. Siempre hemos compartido los grandes acontecimientos...
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miércoles, 17 de febrero de 2010

Por una cabeza (parte final)

Pero no hablemos más de ellos. Yo supe, desde muy pequeño, que no era normal. Crecí aprendiendo a disimular mi disposición natural, y acepté complaciente las largas peroratas de mi padre sobre el respeto y la integridad de los demás; el derecho a la vida; a ser tolerantes con los que no piensan igual; al deber de auxilio con los más desfavorecidos… y un largo etcétera. Charlas, insisto, que mi padre utilizó como agua bendita a lo largo de mi juventud y adolescencia. ¿Pretendía exorcizar su alma o la mía? Yo asentía, con sonrisa de niño bueno, pero recelaba. Sabía que algo no encajaba bien, sobre todo cuando me relacionaba con mis amiguitos. —Hola —dijo Pedrito, un niño pelirrojo muy gordo—....
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domingo, 14 de febrero de 2010

Por una cabeza (segunda parte)

Antonio conoció su talante más perverso por accidente; hasta entonces había negado todo el pasado tenebroso de mi abuelo, como si la simple negación exonerara a mi padre de tan terribles preferencias. Sucedió en un día gris sin lluvia, cuando de la vivienda de un séptimo piso salía humo por las ventanas, y un olor a quemado, acre y sintético, descendía por las escaleras. Nosotros vivíamos en el primer piso, por lo que de un modo natural recibimos la advertencia del peligro cuando el incendio estaba muy avanzado. —¡Antonio! —gritaba mi madre sin contener la histeria—. ¡Coge lo más importante y corre hacia la calle! Carmen me apretaba contra el pecho, y es que, muy a su pesar, sólo...
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jueves, 11 de febrero de 2010

POR UNA CABEZA

La culpa la tuvo mi abuelo; sí, él y sus genes. Pues ya en el viejo Madrid de finales de los años cuarenta, aires turbulentos castigaban la moral de las jovencitas, salidos todos del fagot de don Ambrosio y su fantástica media sonrisa, cuando interpretaba un tango. No en vano podía afirmar que pertenecía a la mejor orquesta filarmónica del momento, y condes, y demás personajes de postín, no celebraban ningún festejo sin la participación de dicha orquesta. Circunstancia que don Ambrosio, mi abuelo, no desaprovechaba para seducir a una joven incauta. —¿Le conozco, caballero? La desconfianza se columpiaba en sus palabras, entre la curiosidad y las buenas formas. —No tenemos ese placer, señorita. Y...
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lunes, 8 de febrero de 2010

Aquel tranquilo hotel (un cuento de 5870 palabras, para los que quieran leer un poquito más)

“Cada uno arrastra sus propios fantasmas... ¿o somos nosotros quiénes estamos arrastrados por ellos?” —Necesita mucho reposo, mucha paz  —sugirió el psicólogo.              Y Julen interpretó que debía eliminar al máximo todo tipo de emociones y estímulos. Era esencial para su adecuada recuperación; por eso se compró unas gafas de sol. “Debe evitar los espacios cerrados y si es posible el contacto con las multitudes”, por eso Julen se tomó unas vacaciones pagadas por cortesía del museo de cera. ¡Y qué mejor manera de seguir el consejo médico que circulando a gran velocidad por las carreteras...
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