
El viento arremolina las ropas de un modo ensordecedor, pero todo resulta hermoso. ¿Quién no ha sacado alguna vez la cabeza por la ventanilla de un coche en marcha, y ha sentido el viento en la cara? Es como notar la naturaleza en movimiento, aunque uno sabe que está quieto y no hace ningún esfuerzo para merecer tal caricia.
Miro mi reloj de pulsera, aun sabiendo que yo llegaré antes de que se ponga el sol… Un sol que siempre luce tan especial en este mes de octubre. Diréis que es una tontería, pero desde estas altitudes los rayos parecen acariciar la tierra. Es una impresión casi mística… ¡Lástima que el viaje sea tan corto! Lástima que no estés tú.
Siempre hemos compartido los grandes acontecimientos...