Una vez tuve un sueño

Soñé con un mundo en el que todos podían ser lo que quisieran, hacer aquello que más satisfacción les provocara, que no existiera más impedimento que el deseo...

Hoy, a mis cuarenta y dos años recién cumplidos, y a pesar de que la vida golpeó con toda la crudeza de la realidad, todavía no he despertado de las utopías de juventud. Si no puedo vivir en un mundo feliz, me lo inventaré: haré que otros, como un dios todopoderoso de infinita bondad, sean felices... al menos en mi pensamiento.

Y me puse a escribir. Ahora que tengo en mi haber más de setenta relatos cortos y dos novelas, descubro por qué Dios es "omniausente" e imperfecto.


lunes, 26 de abril de 2010

Otros premios

En esta ocasión tengo que agradecer a Duna y a Lidia, dos poetisas muy especiales, cada una en su estilo, que han querido premiar mi trabajo. Para mí, tiene un valor más que simbólico... Gracias a las dos. Dudo mucho que no las conozcáis, pero si este fuera el caso, podéis conocer su trabajo en Duna al desnudo y en Precisamente de lo que no se habla. ¿Que por qué me gusta la poesía? Y a quien no le agrada una caricia en el alma. ...
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miércoles, 21 de abril de 2010

VELOCIDAD (Un cuento de 710 palabras, escrito por una niña de 12 años)

No sé bien cómo he llegado hasta aquí. Todos mis recuerdos están borrosos. Estoy en una sala circular. A un lado se ven nubes, y al otro, fuego. Hay dos seres, también. Un hombre gigante con una gran barba blanca, y otro de piel roja, con cuernos de toro, patas de cabra y una larga cola terminada en punta de flecha. Dios y Satanás. —Dime, si no es molestia, por qué estás aquí, Daniel—dice Dios. ¿Cómo sabe mi nombre? El demonio se acomoda junto al fuego, dispuesto a escuchar. ¡Ay, madre! Yo nunca había creído ni en el cielo ni en el infierno, pero no hay tiempo para lamentarse. Los dioses esperan que les cuente la historia. —Bueno…yo—trago saliva—Yo era un macarra. Me gustaba mucho montar...
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martes, 20 de abril de 2010

Aceleraciones (un cuento de 1.010 palabras)

Ya me lo decía mi abuela, “no vayas a la ciudad que todo va muy deprisa”, y yo no le hice caso. Pues, ¿qué importancia tiene vivir acelerado cuando puedes “vivir”? Nuestros mayores, con eso de que han vivido mucho se creen que lo saben todo, y no se dan cuenta de que su pensamiento obsoleto no encaja bien en la forma de vida moderna. “Modernidad, modernidad… ¡Golfo! Más te valdría buscarte un buen trabajo y no eso que tienes”. Un buen trabajo para ella era levantarse de madrugada y regresar a casa con la espalda rota por la noche. No, estaba claro que no podía vivir con ella. Y tras muchos llantos y promesas que sabía que no cumpliría, me marché a la ciudad. ¡Dios, vivían tantas personas...
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miércoles, 14 de abril de 2010

"En la cañada real" (última parte)

Y ahora, que ya conocen los antecedentes, estarán esperando con ansiedad la explicación del último suceso, ¿verdad? Recapitulemos un poco. Manuel está de regreso a su hogar, harto de una larga jornada de trabajo como reciclador de basuras. Le duelen las piernas por tantas horas de bipedestación, y la espalda por contracturas musculares. Huele a basura, y es probable que si su mujer le diera un beso en los labios, apreciaría aparte de su amor, un sabor acre, picante y dulzón, completamente ajeno a su naturaleza. Necesitaba darse una ducha y descansar. Su mente de obrero, acostumbrada a la servidumbre de la nómina y a las discutibles satisfacciones espirituales del trabajo bien hecho, sólo...
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viernes, 9 de abril de 2010

"En la cañada real" (segunda parte)

—Todo tiene su ciencia, mi joven amigo –explicó Erasmus, instructor de vuelo retirado. Le atraía la compañía de los jóvenes, admiraba el espíritu que les empujaba a dar la vuelta al mundo si sus mayores los dejaran. Sí, Erasmus no era ningún depravado que disfrutaba pervirtiendo a los adolescentes. De hecho, desde que se jubiló, y ya no recibía el respeto y la admiración de sus pupilos, los acechaba. Solía acercarse con cualquier pretexto para tratar de estimular la curiosidad o, a un nivel más ambicioso, el deseo natural de aprender. Jugaba con ventaja, pues Erasmus había vivido mucho, y por suerte, intensamente. Él había sido el mejor en vuelo acrobático, sus méritos eran del dominio público,...
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Un premio

Este honor se lo debo a una jovencita de mi edad que derrocha humanidad en cada comentario. Gracias Marita. La encontraréis en Contando cuentos Llevo muy poco en la blogesfera, sólo unos pocos meses, y no estoy muy puesto en estos asuntos. Pero creo haber entendido que ahora tengo que nominar a siete personas. Que conste, que a mí ésto me parece una canallada, porque son más de siete los que merecen mi consideración, y el mero hecho de no citarlos no significa que no merezcan un premio. Parto de la base que no hay mejor premio que recibir un comentario sincero, porque no hay otro modo de hacer sentir que no están solos y que se les valora lo mucho o poco que comparten con los demás. Siendo...
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martes, 6 de abril de 2010

En la cañada real (primera parte)

Manuel regresaba cansado a casa después de una larga jornada de trabajo. Sentía que cada minuto que pasaba en el coche, en esa carretera odiosa llena de baches, era un minuto desperdiciado de su vida. Porque cumplir con las siete horas de jornada intensiva en la planta de reciclado de basuras era una condena; y su ubicación, un infierno de miserias y malos olores. No pisaría el pedal del acelerador más que cuando la temeridad se presentara en alguna recta sin vehículos, y ésta le devolviera la sonrisa a través del espejo retrovisor de la furgoneta. Entonces, la ansiedad desaparecía. “La cañada real no es buen sitio para correr”, advertía débilmente el buen juicio de Manuel. —¿Qué me puede pasar,...
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