Una vez tuve un sueño

Soñé con un mundo en el que todos podían ser lo que quisieran, hacer aquello que más satisfacción les provocara, que no existiera más impedimento que el deseo...

Hoy, a mis cuarenta y dos años recién cumplidos, y a pesar de que la vida golpeó con toda la crudeza de la realidad, todavía no he despertado de las utopías de juventud. Si no puedo vivir en un mundo feliz, me lo inventaré: haré que otros, como un dios todopoderoso de infinita bondad, sean felices... al menos en mi pensamiento.

Y me puse a escribir. Ahora que tengo en mi haber más de setenta relatos cortos y dos novelas, descubro por qué Dios es "omniausente" e imperfecto.


martes, 29 de diciembre de 2009

SOLIDARIDAD

El sonido del viento no entendía de banderas, silbaba sobre los cadáveres sin hacer distinciones del color de su piel, y convertía aquellas ruinas de ciudad en un cementerio sin lápidas ni oraciones. –Aquí ya no queda nada que hacer, señor. La resistencia ha sido neutralizada. Pero mantenía su fusil de asalto sin seguro, apoyado contra su hombro, como si temiera que algún muerto se levantara para sacudirse el polvo y la sangre seca de sus ropas. –No dejaremos que nadie muera solo, M.A. –replicó el sargento Vázquez–. Si alguno de nuestros chicos ha caído lo rescataremos. –Me alegro de estar con usted, señor –aduló Wilson, un chicano imberbe que se había alistado a las fuerzas especiales...
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lunes, 28 de diciembre de 2009

Angus Paparazzi

Fui escolta durante muchos años, porque me habían expulsado de las fuerzas especiales. Y hastiado de una vida de violencia implícita, profesionalicé una afición que siempre me había atraído por su creatividad: la fotografía. Sí, parece extraño. A un tipo como yo se le debería negar cualquier muestra de sensibilidad, pero es que no soy como otros monstruos; tengo honor, un código moral tan duro como mis propios puños. Desde que la única “arma” que utilizo es una Canon, mi vida ha cambiado. Soy más perceptivo, capto detalles que antes no apreciaba y soy capaz de recrear una escena; en sus condiciones ideales de luz y de formas, aún antes de que se me presente. Me siento como un poeta que define...
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sábado, 26 de diciembre de 2009

Hombre malo

Edwin tenía una marca en la cara, una gruesa cicatriz que le cruzaba la cara de izquierda a derecha. Tal vez por esa razón se había dejado crecer el pelo, y vivía en poblaciones rurales donde un golpe de viento no le despeinara demasiado.  A pesar del estigma del rostro, Edwin era un hombre atractivo, esto tenía mucho que ver con que normalmente caminara con la cabeza inclinada hacia delante y tratara de pasar inadvertido. Los hombres de pueblo confundían su actitud con timidez, y los predisponía a una situación de superioridad. Con las mujeres era distinto, tenía una voz suave, susurrante, y sin embargo llena de una fuerza que las embriagaba. Pero lo que todos en el pueblo ignoraban...
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viernes, 25 de diciembre de 2009

“En los suburbios de las estrellas”

“Estando a tu lado, Susana, me haces sentir la bondad que se recibe cuando se es un niño pequeño. Cada día que amanece descubro un mundo nuevo, lleno de cosas buenas por revelar. Haces que los buenos tiempos del pasado, no sean nada, que compartir cada día contigo sea una aventura de felicidad, una maravilla no superada por nada cuanto existe en el universo. Haces que desee llevarte a las estrellas, para escuchar desde allí tu voz, escuchar las palabras que hacen conmover a media humanidad, y desde allí gritar a todos que te amo... Para que nadie, ni siquiera tú, pueda ignorar cuánto te quiero.” Ricardo abrió los ojos, y sus pupilas se constriñeron en dos puntitos negros. Había demasiada...
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lunes, 21 de diciembre de 2009

Nunca una yunta de bueyes resultó tan dulce (parte final)

—La Santa Compaña —susurré decepcionado cuando confirmé de un vistazo que eran más de seis, que no era una broma de vivos. Experimenté el impulso de suplicar ayuda al único que no estaba muerto de la procesión, entonces percibí un gemido entrecortado que provenía de cada capucha. Se reían, y lo peor era saber que se reían de mí. Uno de los muertos levantó el brazo apuntando al hombre del estandarte, y al instante, como un muñeco de ventrílocuo, habló con voz espectral: —Tú no te irás a ninguna parte, chaval. Toma, coge esta cruz y este cubo. Sentía una fuerza extraordinaria que me empujaba hacia el vivo de la comitiva, una necesidad inexplicable de tomar esos objetos sagrados, como si en...
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domingo, 20 de diciembre de 2009

Nunca una yunta de bueyes resultó tan dulce (segunda parte)

Me había despejado de la borrachera, sentía sed y a la resaca todavía le faltaba algo para llegar. Era el momento ideal de fumarse un porrete, para animarse. “¿Qué hora será? Por favor que sean las cinco o las seis” Miré el reloj de muñeca, un casio de chino. La esfera se iluminó de un verde fosforescente apagado, la una y treinta y siete.“Mierda” Faltaba muchísimo para el amanecer y ya estaba cansado. “Me congelaré si me siento bajo un árbol a esperar a que se haga de día” Busqué con ansiedad el hachís. Poco después me lo fumaba mientras “Los héroes del silencio” cantaban “Maldito duende” desde un mp3 que guardaba en un bolsillo. Una canción muy apropiada a ese momento. Y me reí. Aún...
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sábado, 19 de diciembre de 2009

Nunca una yunta de bueyes resultó tan dulce (primera parte)

Nunca una yunta de bueyes resultó tan dulce como ésta que tiraba del carromato. Me hallaba recostado boca arriba, entre la paja, y apreciaba el lento transcurrir de las ramas de los árboles en el cielo. El crujido de las ruedas sobre las piedras del camino me acunaba como una nana… todo parecía tener sentido ahora. Unas horas antes celebraba mi mayoría de edad con los desarrapados del barrio.”Llévatelo, yo no puedo con él” El acento gallego, cuando el que habla está triste, es más lánguido que el de cualquier otro idioma. Y a mi madre no le faltaban razones para ignorar la melancolía. “Sí, claro… no es un buen momento para mí, por mi trabajo… pero vale. Llámame para saber dónde y qué hora...
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Un signo de poder (parte final)

Bayan Temür no trajo nuevas esposas a su yurta. Las mujeres decían que había perdido la virilidad cuando su dedo de ordenar quedó mutilado, pero yo conocía la verdad. Los ojos de mi esposo revelaban otra condición, nunca dejaron de espiar mis pasos, y su nariz se dilataba cuando le pedía permiso para retirarme, como si tratara de retener mi presencia unos instantes más. Trabajé muy duro durante ese tiempo, poco a poco conquisté el amparo de la comuna, todos me debían favores. Y en ausencia del Khan, me llamaban por mi nombre. —Ya tengo el anillo que me pediste, Marat. Me ha sobrado plata para otro. —Guárdalo para ti, Qaban, por tu trabajo… ¡Oh, es realmente hermoso! Pero esto no bastará,...
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martes, 15 de diciembre de 2009

Un signo de poder (segunda parte)

—El diente que muerde carne está en la boca, el diente que muerde hombre está en el alma —sentenció el Khan conteniendo la cólera. Escupí su dedo. No lo quería. —Aunque te cubras de sedas tu sombra será negra; aunque comas grasa, tu mierda será apestosa —repliqué con rabia, y ofrecí mi cuello desnudo a su espada. Deseaba morir, había fingido tanta sumisión para lograr tan poco… Pero su espada no me cortó la cabeza, mi Khan fue más perverso. —Hoy no encontrarás la muerte, ni mañana. Pero la desearás. Y reclamó a gritos al herrero. Exigió para mis tobillos nuevas cadenas, y para mi cuello, un grillete. — Estas cadenas, Marat, las arrastrarás de por vida y todos te conocerán por “perra...
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lunes, 14 de diciembre de 2009

Un signo de poder (primera parte)

Hacía mucho frío, tanto, que la tierra misma parecía gemir con el viento. El polvo de nieve perfilaba un desierto blanco en una planicie sin huellas. Sólo el galope de unos caballos contenía la omnipresente voz de los vientos en la estepa .Ya entonces le amaba, no sé por qué. Si cada vez que entra en la tienda me echo a temblar. En la aldea nadie advirtió lo que se les venía encima, los sabios de mi clan aseguran que cuando vas a morir la muerte se anuncia de alguna manera. Un hecho cotidiano, de repente, se percibe de manera extraña, y sabes que tu hora ha llegado. El crujido de una rama quebrada, el vuelo solitario de un ave, hasta el modo en que caen los carámbanos al suelo son señales...
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domingo, 13 de diciembre de 2009

Secreto a voces (parte final)

¿Quién necesita a los hombres? Son egoístas, mezquinos… ¡Todo gira en torno al pequeño apéndice que les cuelga entre las piernas! “Es cierto”, se dijo Samantha apartando el Cosmopolitan de la leche con cacao del desayuno. No había resentimiento en sus palabras a pesar de ser la descendiente directa de una larga estirpe de mujeres abandonadas. Su madre, su abuela, su bisabuela, y hasta su tatarabuela, habían sido mujeres hermosas objeto del capricho de un hombre poderoso. Cambiaba el rostro y los apellidos, pero la historia era siempre la misma: un hombre encantador prometía días de vino y miel, y, a cambio de su saliva y sudor, apenas obtenían la calderilla de su afecto. Cuando su bisabuela...
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El beso de gracia (segunda parte)

Roger apuró el último trago de bourbon, miró a través del culo del vaso la gigantesca cama de matrimonio. No, no vio ningún resplandor mágico. “Es casi imposible que nos encontremos bajo las sábanas”, comprendió que debía haber comprado una cama de un tamaño más razonable. “No, Pichulín, me gusta esa. La redonda”. Roger sonreía de satisfacción cuando autorizó el pago. Sentía como cierto el adagio de “la erótica del poder”, sin comprender entonces que esas palabras puestas en línea, una detrás de otra, formaban un camino de doble sentido. Ahora Roger trataba ver las cosas como las veía Samantha, claro que el vidrio que utilizaba no era diamante. Y por añadidura, tampoco tenía su juventud, ni...
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